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lunes, 1 de junio de 2009

Despedida de Los piojos...

Los Piojos: esos dolores dulces

Ante más de 65 mil personas, la banda liderada por Andrés Ciro se presentó en River y brindó su último show antes de su parate indefinido; mirá la opinión de los fans.

Los Piojos. Foto de Leo Liberman


Todo pasa, dicen. Cuándo y cómo, nunca se sabe, claro. Esa incertidumbre es la que rigió la última presentación de Los Piojos en el Estadio River Plate, antes de lo que ellos denominaron como "parate indefinido"; un impass que, anunciado sin fecha de vencimiento, cancela y deja lugar para las expectativas a un mismo tiempo. Esa contradicción, también, hizo que más de 65 mil personas no supieran bien cómo reaccionar, qué sentir ante este posible último Ritual. Además, el frío, la lluvia; como si el tiempo hubiera sido determinado por aquel ánimo, mezcla de duda y melancolía.

A las diez, una hora después de la pactada para empezar, las imágenes de todos los piojitos mutando uno en otro sirvieron de preludio a la aparición de Ciro, bajo las gotas y en la punta de la larga pasarela que prolongaba el escenario penetrándolo en el centro del campo. La dupla Ay Ay Ay "Te diría", primero a capella y después estallando, seguida por "Babilonia", inició una larga lista (fueron 30 temas en total) que definiría una largo viaje retrospectivo recorriendo los 20 años de carrera de la banda, con algunas paradas obvias ("Esquina libertad", "Tan solo" y "El farolito", por ejemplo) y otras no tanto (la siempre exigida pero hace rato no incluida "Manise", también de aquel segundo disco). Las alusiones al "parate" empezaron tímidas pero fueron tomando forma con el paso de las horas; la "noche especial", como ellos la definieron, tuvo un momento clave: Alejando Dellosa, un joven -entusiasta- piojoso, subió a leer un mail que le había mandado a la banda al enterarse del parate, en representación de todos los mensajes que recibieron a partir del anuncio. La declaración (de amor, sí) exigía otro recital y terminaba citando al Indio Solari: "las despedidas son esos dolores dulces". Y así, la incertidumbre no se disipó.

Había algo, igual, que no los dejaba bajar del escenario. El miedo a no poder volver a hacerlo nunca más o el miedo a no poder hacerlo de la misma manera, quizás. Después de muchas, muchísimas canciones y varios highlights (Ciro sacándose el maquillaje mirándose a un espejo de pie después de cantar "Fantasma" disfrazado de parca; Tavo Kupinski dedicando "Sudestada" a Pity Fernández; la bailarina elevada sobre una tarima -con movimientos de danza árabe lenta, muy lenta- para "Difícil; la Chilinga para "Verano del 92" y la invitación a Dani Buira a la batería para "Desde lejos no se ve" y "Cruel") los bises se sucedían, la cosa se negaba a terminar.

Seguir después de "Finale", el verdadero final del resto de los litúrgicos encuentros (y la re-conocida lectura de banderas), fue raro pero obligado: "vamos a seguir hasta que salgan las estrellas", dijo Ciro, antes de permitir al público elegir un tema. "Los mocosos" (denuncia rockera y cruda de Chac tu chac y "Nana no, no me dejes olvidar esta canción") fue la ganadora, y para ese entonces la lluvia seguía cayendo pero ya habían pasado tres horas y era la una de la madrugada. Así, sí, el último, el rockandombe "Muévelo", fue ideal para que todo terminara en bailongo: subieron chicas pulposas a la pasarela, mostraron lo suyo y contagiaron energía. Debajo, el "sólo te pido que no dejen de tocar" ya no fue suficiente: hubo muchos "gracias", al público, a las bandas amigas, a los Redondos "que nos votaron hace mucho". Y nada más; fue, se fueron y no dejaron carteles para saber cuál será su sendero. Ahora, el parate o la pequeña muerte de un fenómeno -porque sí, juntar a 65 mil almas provenientes de los puntos más extremos del país en un solo lugar es un fenómeno nacional- que supo durar dos décadas; luego, uno nunca sabe qué hay luego. Pero todo pasa, dicen.

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